Archivo de la Categoría 'El Antifaz'

Difícil

LaberintoDifícil escribir cuando no sabes qué decir. Difícil si es la mente la que blanquea el papel. Difícil si ningún capitán te envenena, si ninguna procesión te inspira, si el viento no arrastra papelillos. Difícil escribir en esta época de pasodobles sin letra.

La primavera es un estallido de colores, de amores, y un invierno para el carnaval. Es la miel que suaviza las voces altas. Es el letargo donde reposan los sueños hechos realidad. Es el alcanfor de los tipos, y entre alcanfores es difícil oler a Febrero; más bien a conserva.

Difícil hablar de libertades cuando la anorexia devora la alegría y nos alimenta de monotonía. Nos queda rumiar coplas mirando las maratones de CD’s, enmarcar las fotos de este año y colgarlas en el pasillo interminable de nuestras ganas, casi diría yo, deseo. Difícil decir nada desde que Doña Cuaresma abusa de un pito de caña superlativo en la terraza de la iglesia. Difícil desde que el incienso inunda el aire que olía a tres por cuatro.

Difícil como enhebrar un popurrí de 8 minutos, como llevar 8 pasodobles buenos, como esperar 8 meses los ensayos, como hacer gracia en los cuplés 8 veces, como imitar un octavilla, como encontrar 8 que canten, como poner 8 notas a una escala, como contar el lunes de carnaval para el octavo día de la semana, como querer que la plaza de las flores sea la octava maravilla del mundo, como tumbar el 8 y que parezca infinita tu vuelta. Es difícil pero aquí seguimos.

Aquí está mi menda lerenda, un rey sin corona aclarando lo difícil, atado de manos y antifaz. Ahora si es de verdad:


Soy un caletero sin playa
Una garganta sin canto,
Un gaditano sin muralla,
Un tango sin batea,
Y una batea sin tango.
El luto de los canallas,
La llave del teatro Falla.

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José Castillo.

Mi guitarra

ManoloCuando era niño daba clases de guitarra a la sombra de un campanario que yo mismo hacía sonar para que las viejas enlutadas de cara pequeña y amable y rodete de plata se acercaran a misa. Un día cambié de feligresía y guardé la guitarra en un rincón de mi iglesia donde le brotaron telarañas hasta que el olvido le partió las cuerdas. Os confieso que no la echo de menos.

Si me permitís quitarme el antifaz un momento os diré que empecé a escribir porque no encontraba otro sitio en este mundo donde pudiera decir una frase completa y pensar que alguien me había escuchado. Un día conocí una guitarra nueva, limpia, ágil, y con oídos. Una guitarra humilde pero poderosa, una guitarra moderna pero barnizada a la manera tradicional, una guitarra que incluso antes de tocar pasodobles me enganchó. A partir de ahí caminamos juntos porque nos dio la gana, porque nadie preguntó el por qué y así lo decidimos. Recuerdo que una vez dejamos abandonado al niño Jesús recién nacido en medio del pueblo de juguete que nos habíamos inventado porque caímos mal, porque decíamos la verdad con uve mayúscula y molestaba a la autoridad de hábito blanco y suciedad debajo de la alfombra de su conciencia. Con dos cojones Manolo, con dos cojones. Eran tiempos en los que las latas de atún se fabricaban del estaño que hacía soldaduras en nuestra amistad.

Después cambiamos el templo por el teatro Falla, y la guitarra descubrió este sonido que inunda las horas del reloj de carnavales. Y ya no había más procesión que un pasacalles, ni más monición que una letrilla, ni más dios que Don Carnal, ni más misa que la final, ni más sermones que el pregón en San Antonio. Y como aquí en estas tierras libres para cantar valía cualquier cosa que decíamos, y este dios nos quiso sin bautizar, la guitarra me abrió las puertas de su comparsa y ahora tengo guitarra y comparsa. No tengo muchos amigos aunque conozca a mucha gente, pero es que no es fácil encontrar a alguien que te escuche a la sombra de unas cervezas, es que no hay muchos que no se les suba la sangre a lo alto de la sinrazón porque sencillamente no nos gustan las mismas coplas, es que en estos tiempos en los que todo es mentira a ésta guitarra se le puede contar la verdad ya sean cuplés o pasodobles.

No echo de menos a mi guitarra porque la llevas tú. Y encima me has puesto a febrero en la puerta de mis dedos. Así lo escribo para que todos lo sepan. Gracias guitarra.

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José Castillo.

La eterna batalla (antes del repertorio)

AntifazCada uno tiene su batalla eterna, interna. Recién nacido el sol de Febrero, aunque prematuro este año, empieza la particular batalla de cada carnaval que hace chistes de esas luchas que la vida te pone delante de la cara. Casi nunca sabemos contra quien luchamos, ¿verdad? (esto lo vemos después del carnaval). Pero hay tantos empeños en separar el bien del mal que parece que nuestro disfraz favorito sea el de juez. Y ¡pum! Martillazo y se acabó. Llevo razón. Este es mi grupo favorito y me gusta. Estos otros son malos de cojones, así que ni los escucho. Y si meto ácido entre alguno de ellos puede que los enfrente como se enfrenta la fe a la razón, la sinrazón a las letras, las letras al fanatismo, el fanatismo a la conciencia, la conciencia a los borrachos de coplas. Esto es carnaval. Al antifaz se le hacen agujeritos para mirar, sino corres el riesgo de quedarte ciego.

Somos absurdos al hilar la boca del que canta lo que el oído de enfrente no soporta. Sé lo que digo. Lo aprendí cuando me vestí de censura sin libro ni bastón de mando, y no mereció la pena porque hablaba gratis, como ahora, pero nadie salió ganando. Llueve sobre mojado en carnaval; y como no dejamos que se seque, la batalla es eterna. Por los agujeros del antifaz se ven los colores de la envidia, de la rivalidad antideportiva, de la zancadilla coplera. Veo batalla entre el dinero y el regalo; el primero es el verdadero dios momo y el segundo es el título de propiedad que el pueblo tiene en el carnaval. Entre el que gana y el que pierde; al que gana le hacemos altares con flores y lo sacamos en procesión aunque no tengamos el carné de su cofradía y al que pierde lo tiramos al suelo como si fuera un paquete de confeti. Entre el escenario y la calle; el escenario te pone un escudo en la pechera y una corona de laurel y la calle nos pone a todos los zapatos a la misma altura, aunque no la garganta. Entre la chirigota (qué gracioso) y la comparsa (qué guapo) sin etiquetas (habrá algún chirigotero aburrío y algún comparsista feo). La batalla está servida. Que conste que algunos no tienen más batalla que cantar. Así que a ver quién tiene cojones de repartir alas y cuernos. Yo desde luego, no.

Cada uno tiene su batalla eterna, su carnaval. La mía no la cuento porque no viene a cuento.

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José Castillo.

La última cuarteta

La eterna batalla. Antonio Francisco Cano.Abrir el telón es lo más parecido que he visto a quitarle el papel a un regalo que esperas con ilusión. Se llama presentación pero se debería llamar emoción, explosión, ilusión (ya lo dije antes), invasión, corazón, con razón, intención, declaración, renovación, devoción, oración y la primera ovación.

Los pasodobles fueron una flecha directa al corazón, una llamada a la puerta de la mentalidad que inverna, un despertador de conciencias, una caricia en la oreja y un abrazo fuerte en el tímpano, un anhelo en mi garganta, un no sé qué que no me deja parar los dedos, una cárcel para mi antifaz.

Los cuplés son otro tema aquí en esta tierra. Decían con ácido en la lengua que la gente aplaudía antes de los cuplés y que después salían las palmas sordas y las risas mudas. Aún así el público se volcó con ellos (y decía el borracho: yo con los cuplés me vuelco en seguida, pero a vasos de vino no me he ‘volcao’ en mi vida).

El estribillo es lo que en Cádiz suelen tatuar la gente en su memoria y aquí lo pintamos en seguida de amnesia y cerramos el cajón y todavía no sé por qué.

El popurrí puntea el tipo de la comparsa. Se adapta como un guante a las tablas para contar la historia, interpretar la obra de teatro, la música del cielo ardiendo. En el último cambio la caja toca tres por cuatro, como mis pies; la letra dice adiós pero nos deja su eco; se manifiesta el carnaval; y cuando las palmas de despedida van a arrancar, la percusión redobla, la voces suben hasta el cielo y una octava más, las gargantas aprietan fuerte y repiten la última cuarteta, saltan papelillos de las guitarras y se confunde el cielo y el infierno, a mi me da por pensar que La Viña es un barrio que ocupa toda Andalucía, el corazón no late, combate, la gente se levanta de los asientos y vuela aunque no somos nosotros los que llevamos alas, la voz se vuelve de algodón y se alarga suave en cada frase, y te quiero carnaval aunque sea consciente ahora que te vas, los pitos de caña suenan a aplausos y los aplausos a “oles”, y no se termina de parar aunque el telón se esté empezando a cerrar. Sabe rico y sabe a poco.

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José Castillo.
Foto: Antonio Francisco Cano

El marcapáginas

MarcapáginasEl marcapáginas del libro que me abre la puerta del país de los sueños cuando la noche avanza, está de vacaciones. Echó el ancla en la página 40 de una historia que habla de alas y esperará en el muelle de la mesita de noche hasta que llegue Cuaresma con su gesto agrio y su traje enlutado que hiperbola sobriedad, recato y silencio de monasterio. Mientras tanto me leo la radio, y la luna va creciendo, el disfraz se va armando, y la música me va durmiendo de oídas. La ventana invisible provoca. Provoca opiniones (ver los comentarios en Radio Carnaval), insomnio, expectación, sorpresa, decepción, preferencias, voces, carcajadas, cansancio, sueño y sueños, nervio y nervios, palabra y palabras; en fin… un carnaval de sensaciones.

Ahora que hemos leído el primer capítulo del concurso, que no resulta indigesto aunque llevara aliño de sobra, podemos esperar el desenlace de la novela recordando el buen sabor de boca que tenemos. Hemos visto que algunos enseñaron los dientes, otros consiguieron describir el olor a radio, alguna chirigota adivinó el pasado en su bola de cristal, otros redecoraron el barrio la viña sin quitar el tres por cuatro de la cal de las fachadas, una comparsa se rió en serio de todas sus chirigotas pasadas, y otras coplas que no escuché porque después de tanto leer me entra sueño.

La radio es una “tacita” cerca de un libro con las páginas en blanco. Y nos dejamos ganar por el sueño que da la infusión de coplas sin fin. Mi marcapáginas está parado entre dos coplas, entre dos castillos, entre dos teatros. Mi marcapáginas cierra el puente Carranza. Mi marcapáginas de Martos, provincia de Cádiz.

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José Castillo.

Entrevista a Juan Carlos Martín

Juan Carlos MartínLe tengo cada día detrás de la pantalla del ordenador – literalmente – y no reparo, porque resulta imposible, en su tipo de dinosaurio del carnaval, ni hay un cartel en su camiseta que diga “cupletero jubilado anticipadamente”. Sin embargo ahí está; parece indiferente; como si Febrero fuera Octubre. Le llamo: “Oye, ¿tomamos un café y hablamos? Podemos echar un rato largo, el jefe está de viaje:

Algunos piensan que te fuiste del carnaval demasiado pronto. ¿no te parece? Sí, la verdad es que yo también lo pienso así. Me fui con la sensación de que aun me quedaban muchas cosas que decir y muchas coplas que escribir. En principio mi idea fue tomarme un tiempo, no de descanso, porque a mí el carnaval no me cansa, pero sí de dedicación a mi familia. Lo que ocurre es que cuando te enfrías cuesta trabajo arrancar de nuevo, volver a juntar a toda la gente, máxime teniendo en cuenta que el grupo que tenía se disgregó en las comparsas que actualmente forman el cartel del carnaval de nuestro pueblo y yo sin ellos no soy nadie.

Además, fíjate si tengo la sensación de que me fui pronto, que me dejé todo el repertorio creado de la chirigota para cuando volviera. Nunca antes lo había contado, pero a ti te lo voy a decir. Como te digo tenía todo el repertorio creado para mi siguiente chirigota que se iba a llamar LA FAMILIA MONTOYA. Con este tipo, pretendía parodiar a la típica familia de gitanos que van por las calles mal tocando un órgano y con una cabra que se sube en una lata. De hecho el estribillo de los cuplés decía así:

Tenemos una cabra
que tiene mala pata,
no conseguimos que se suba en la lata.
Esta va a ser la ruina
de la familia Montoya
y estamos ya de la cabra
hasta la mismísima …. Ihíiiiiii, Ahaaaaaa

Pero Jose, te voy a decir una cosa. Ojalá me hubiera ido antes, porque no sé si te has percatado de que cuando yo me fui surgieron en Martos las comparsas que aun persisten. Yo pensaba que en Martos, esto de el carnaval sólo estaba en la mente de cuatro degenerados como éramos nosotros, y de pronto ves que salen carnavaleros de debajo de las piedras. Fue alucinante ver como gente a la que jamás hubiera vinculado al carnaval, se sabían el repertorio completo de Martínez Ares, Antonio Martín, Quiñones, etc.

¿Cuál es esa copla de carnaval que silbas al espejo mientras te pones espuma en la barba? ¿Por qué? No sé como demonios se me introdujo en lo más hondo de mi subconsciente aquel cuplé de los Juancojones que dice… “En donde yo mejor me lo pasé, fue cuando estuve en el vientrecito de mi omaita…”. Estoy con ella a todas horas, y otra que suelo cantar o silbar a menudo es ese pasodoble que ha quedado para la historia y que Martínez Ares le dedicó al Papa.

chirigota01Martos está muy lejos de Cádiz, ¿no? ¿qué te parece el carnaval de ahora? ¿Evolucionamos o nos aburrimos? Que Martos está lejos de Cádiz… pues no se nota, porque algunos de nuestros comparsistas parecen haber nacido en el barrio de la Viña. Esto es algo que siempre he criticado y que no me gusta nada. No me gusta, por ejemplo que una comparsa de Martos, cuando canta diga “sielo” en lugar de “cielo” o “corasón” en lugar de corazón. Si entre ellos hubiera algún Torrecampeño lo entendería, pero creo que ese no es el caso. Yo creo que nosotros tenemos nuestra propia idiosincrasia, aunque “Cai” es mucho “Cai” y allí hay que mamar y de hecho todos hemos mamado.

En cuanto a qué me parece el carnaval de ahora, pues a nivel de comparsas o agrupaciones el nivel va subiendo más cada año. Tenemos en Martos dos comparsas consolidadas, cada una de ellas con un estilo diferente, que se superan año tras año aunque creo rivalizan en exceso y eso, pienso que no es bueno, porque esto debe ser diversión y nada más. No debemos confundir nuestro carnaval con “Operación Triunfo”, que aquí nadie se profesionaliza. El sentido del carnaval, para mí, siempre ha sido cantar en la calle, a todo aquel que quiera escuchar y hacernos pasar juntos, público y agrupación un rato agradable y divertido. Las recompensas al esfuerzo vienen por sí solas.

Sí es cierto que hecho mucho de menos a una chirigota.

De todas formas hay más comparsas y chirigotas después de Cuaresma que antes. Aquí somos así, ¿o no? De hecho, cuando yo cantaba, el carnaval en Martos se celebraba en Cuaresma, y no veas tú los rebotes que cogían los capillitas a los que no les cabía una bocanada de tolerancia. De todos modos yo siempre era partidario de celebrar el carnaval en su fecha, aunque ello nos complicara la salida a otras localidades.

Ahora lo que está ocurriendo es que el carnaval se ha convertido en un espectáculo que tiene cabida en cualquier época del año. En verano se celebran numerosos festivales en los que la atracción principal es alguna agrupación de carnaval. En Martos, la agrupación “Entre Olivares” fue pionera con la “Noche de la copla” en dar a nuestra comarca la oportunidad de escuchar en verano a agrupaciones carnavalescas de Cádiz, de primera fila. Yo lo veo bien.

chirigota02Yo creo que Jesulín con el tiempo volverá a torear. ¿qué necesitas tú para volver al ruedo en Febrero? Pues con el susto que se llevó en la última corrida, yo dudo mucho de que se le olvide y vuelva a los ruedos, aunque como tenga que dar de comer a toda su trupe, incluido el “Tigre” es posible que algún día se le vacíe la alforja y no tenga más remedio que volver.

Pero este no es mi caso. Confieso que cada febrero me entran unas ganas irrefrenables de volver, pero enseguida se me pasan. Me pasa como a los Juancojones, que cuando les entraba ganas de trabajar se sentaban y esperaban a que se les pasase. Ya estoy viejo para estos trotes, ahora disfruto más viéndolo. Ya no concibo las noches de ensayo a las 12 de la noche, como hacíamos antes. Además, la labor del compositor es más complicada, porque supone estar todo el año en el candelero, sin respiro, para cuando llegue septiembre u octubre, tener comenzado un repertorio con el que poder iniciar los ensayos. Es mucho el peso que recae sobre una sola persona, además, y para mí, es lo más duro que tiene una agrupación de carnaval, que está todo el año trabajando para que se le esfume todo ese esfuerzo en uno o dos fines de semana. Es un trabajo muy efímero, pero también muy divertido, todo hay que decirlo. Es carnaval, y como tal tiene su máscara dulce y agridulce, que nos disfraza la vida misma a su antojo.

Déjanos un mensaje a la gente de la comparsa Entre Olivares, y los visitantes de su página… Desearles un año plagado de éxitos, al menos como el año que ha acabado, en el que han recogido todos los frutos de su esfuerzo.

Mi enhorabuena por el trabajo bien realizado, especialmente a sus compositores, dos hermanos a los que aprecio, por sus raíces y el aprecio personal que siento hacia sus padres (Mª Teresa y Juan). A Rafa Camacho y Amador, por los buenos momentos vividos codo con codo, entre risas y buenos ratos, y a todos en general, aunque no los conozca personalmente, por formar un grupo solidario y en armonía, como así me consta. Seguid así, haciéndonos disfrutar con vuestras coplas.

Un abrazo a todos.

Gracias compañero. Vamos a seguir currando un rato porque esto sí que es…una chirigota.

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José Castillo

Radio Carnaval

Teatro FallaEl que pusiera la radio la noche del domingo tuvo, seguramente, la sensación de haber frotado la lámpara de Aladino. Marcando con suavidad las coordenadas adecuadas el genio del carnaval sale por los altavoces y directamente te concede tres deseos. La música, el taratachín, en un vuelo perfecto inunda la habitación de color, como si una bolsa gigante de papelillos hubiera explotado allí. Las letras – el segundo deseo – son recibidas como se reciben las medallas olímpicas. Los oídos ponen pancartas de bienvenida y abrazos de estreno. Empeñas todo tu ser en entender lo que dicen. Cualquier carraspeo, leve crujido, ruido lejano en la calle, te parece una interferencia. El tercer deseo es una autoconcesión. La magia de Febrero la fabricas tú sólo. Porque el día es mágico. La luna es una boca sonriente. Ella te habla y tú la escuchas. Y lo que se crea entre los dos es invisible, como la magia. La música es una especie de magia, ¿verdad?

Radio carnaval es un calefactor para el invierno. Es poner pilas nuevas a la imaginación y dejarla que corra a sus anchas durante un mes. Un pasodoble en radio carnaval te dispara los nudillos, un tango arranca las palmas, una chirigota te hace reír antes de empezar el repertorio.

“Aquí radio carnaval. La emisora genial. Retransmitiendo para todo el personal. Hasta que se acabe la final.”

Radio carnaval te trae recuerdos de otros años. Del teatro de ladrillos y telón rojos. De la ciudad del mar y el cielo azul infinito. De las caminatas por agrupaciones y calles blancas, y de otras cosas más oscuras. El carnaval es un teatro, y radio carnaval te pone un palco en el sillón de tu casa. Cádiz está lejos, pero no tanto. Frota la lámpara. Son las ocho y media.

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José Castillo.

El ensayo

ensayo Noche de frío; la última del año del pasado carnaval. La que abre la puerta del siguiente Febrero, que siempre es el segundo mes pero este año es el primero. El niño me dijo que sí, que venía conmigo a ver el ensayo, que le gustaba “el Selu”. Y entre luces de navidad, llegamos a una nave entre naves para ver el ensayo de la comparsa entre olivares. Y entre copla y copla se iban estampando las letras en las paredes de aquella habitación que no tenía más estufa que dos guitarras. De tapeo se tomaron un plato de vamos a controlar la garganta, un poco de venga niños que esto es nuestro, hay que mejorar, y una última ración de dónde está fulanito. Cantaron la presentación a dos micrófonos que llegaron antes que yo y que seguramente se aficionaron al carnaval después de aquello. Algunas correcciones, exigencias del guión que impone buscar la perfección, aunque la perfección no es la meta, sino el camino; quedan más recuerdos de cómo se ha hecho algo que de lo que resulta al final.

ensayo2Luego de algún chiste efervescente, repaso de pasodobles. Fui un afortunado por tener mis oídos en ese sitio y en ese momento porque hubo uno de ellos que me puso alas (no sé si blancas o negras) y me hizo pensar en lo interminable de un piropo, en que no hay límite por arriba para escribir, que de verdad la batalla es eterna, incluso para mí o para quien quiera heredarme.

Yo miraba al niño, escondido detrás de la mesa. El niño me miraba a mí y sonreía. Me escondí con él para hacerles creer que no había más público que una chimenea apagada. Se les reconoce el estilo; ya está marcado desde las primeras notas, desde los primeros golpes de garganta. Son ellos. Lo mismo que Manolito Santander es único. Ajustaban o intentaban ajustar el número – eso es exactamente un ensayo – para tratar el más difícil todavía. Nos salimos justo después de la última copla, y ya iba yo masticando el artículo éste, mientras el niño se fue sonriendo y recordando su chirigota favorita y el nombre de una comparsa en la prehistoria de su vida a Juanfer. Nos subimos al coche y yo tarareaba algo que me quedó revoloteando en el antifaz; y el niño me dice: pon calabaza muñeco tonto. Y yo: comandante de los harapos. Porque sino le contesto puede pensar que su padre no es capaz de aprender las cosas que me enseña.

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En cuarentena

MédicosMuchachos, estáis enfermos. Mira que yo de medicina entiendo menos que Tarzán de bufandas, pero se os ve en la cara. Estáis enfermos. Incluso me atrevería a decir que es vírico. No sé cómo se llama el virus - ¿hay algún doctor en esta página? pero os tiene alteradas las pulsaciones; se os pone un fonendo (¿se llama así, Nuria?) y se oyen cuartetas del popurrí de los gladiadores de la caleta; se os hace una radiografía y sale en la pantalla la final del Falla; se os hace un electro y el papel que sale por la impresora es una página del libreto de la chirigota del Love; si entráis en el centro de salud, creéis que el personal que trabaja allí son todos de la chirigota “los que no paran de rajar”; el doctor, para consultar vuestro historial médico, entra la página http://www.carnavaldecadiz.com/. No me digáis que estáis bien, porque no se lo cree nadie.

La cuarentena en este caso es de lo más recomendable para vosotros. Las parturientas tienen su cuarentena. Para muchas enfermedades contagiosas se utiliza. Hasta los virus informáticos se bloquean durante cuarenta días. Y no voy a decir nada de esa cuarentena a la que llaman cuaresma porque ahí no te curas, ahí te enfermas.

Así que el tratamiento que mejor os va es la cuarentena. Os encerráis, os tomáis una cucharadita de cuplés cada 8 horas, y si no os baja la fiebre, unos pasodobles en medio. Nada de villancicos, que os puede dar una recaída por confusión de fiestas, vosotros popurrises y presentaciones. En los descansos os aconsejo alguna bebida isotónica para asentar el estómago y reponer fuerzas: Cruzcampo, Heineken, incluso la de Hacendado va bien. Lo digo porque uno de vuestros guitarristas enfermos necesita de vez en cuando su dosis, y las de mi frigorífico me las estoy bebiendo yo solo. Pero no salgáis. Que hay muchas cosas que os pueden distraer. Las luces de navidad para vosotros son papelillos; los regalos son disfraces; los turrones son erizos y los mantecados, ostiones.

Encuarentonáos y cuando estéis mejor salís y nos dáis el regalo. Locos. Enfermos. ¡Qué virus!

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Érase que se era…

Josete PanÉrase que se era el chirigotero más pequeño del mundo. Érase un enano, un risueño, en sus juegos vagabundo. Éranse tres remolinos en una sola cabeza; pintados los tres de sol; largos, como con aire de grandeza. Éranse los ojos de en frente de la Caleta; más redondos que azules, más azules que el brillo, más poeta. Érase una boca con un pito de caña; érase un niño con animales de pipiricaña. Érase de mi chirigota el postulante; el burlón, el llorón, el comediante. Érase el saltimbanqui de los deuvedés; dos cumpleaños dos, parecen tres. Érase un Peter Pan sin trucos, un truhán, un listo, un cuco. Érase un feligrés que piensa que el Selu es el dios momo. Érase un borracho, una cotorra, un tatuaje; una lengua sin leyes ni lenguaje. Érase un buscador de juanpalomez, de yuyus, de cabras y de loves. Érase un beatle de cai en colores; un enamorado del amor sin amores. Érase el barrio viñero en frente de la tele; el nervio de mis nervios; el que no para, el que va y viene. Érase un McGiver sin dientes; un loco, un inconsciente. Érase la onomatopeya de mis sueños; un popurrí sin límite de tiempo, sin dueño. El carnaval que le faltaba a su hermana para ser la ninfa más guapa de los palcos del Falla. Érase el hijo del tres por cuatro, más libre que nadie. Érase el antifaz de mi hijo. Érase el hijo de su padre.

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