Os presento, estos son José Cabrera y Rocío Espín, compañeros de carrera y amigos de “Graná”. Aquí todos los amantes del carnaval y amigos de la comparsa “La Eterna Batalla.” A vosotros, hoy, os quiero contar la historia de cómo se hizo ese pedazo de forillo que nos acompañaba en los escenarios, y, a ellos, les quiero dar, una vez más (y no será la última), las gracias por todo lo que han hecho por esta comparsa. Así que, para no repetirme, intentaré hacer ambas cosas contando una sola historia, y como no sé bien como empezar….lo intentaré por el principio.
Cuando, a finales del verano pasado, fuimos definiendo el tipo de la comparsa, vimos que la complicación del tema iba a ser mayúscula. El disfraz, ángeles y demonios que luchan en una batalla ancestral, ya era difícil, y la confección de las alas y la caracterización de los demonios, marcarían la calidad del vestuario. Bueno, esto es otra historia, pero vimos que, mas o menos, podríamos controlar el tema, pero, ¿y el forillo? Debía representar no solo el cielo y el infierno, sino la confrontación entre ambos. Uff, ¿Cómo es el reino de los cielos?, me negaba a que quedara todo reducido a nubecitas o algo parecido. El reino de los cielos en guerra contra los infiernos debía ser otra cosa, ¿pero qué? Hasta entonces la comparsa había confeccionado su telón ella misma, pero, este año, se nos escapaba de las manos. Y no solo el telón, sino la portada del libreto, del CD… etc. Decidimos llamar a Ras Artesanos para que nos asesoraran, pero, entre que llamamos un poco tarde, y otros problemillas que no vienen al caso, vimos que para lo que buscábamos esa no era la mejor opción. Sopesamos otras opciones, pero ninguna tenía la calidad que buscamos. Estábamos ya bastante preocupados con el tema cuando, de repente me acordé de José y Rocío.
Rocío es esa rubia guapísima de la foto, compañera de arquitectura y, por encima de todo, una amiga muy especial. Alegre, simpática, coqueta, sensible…bueno, me centro, que sino la historia se alarga. Rocío, aparte de una arquitecta con una imaginación infinita, es una dibujante espectacular. En la carrera teníamos que dibujar desde estatuas, hasta todos los rincones de La Alhambra, y a ella se le apreciaba un talento fuera de lo habitual. Pero si ella dibuja bien, lo de José, su novio, es increíble. José, al que también podéis ver arriba (y también más abajo, je,je,je) es también compañero de la carrera, pero con él no tuve la suerte de coincidir en clases, así que lo conocía menos. Pero había visto dibujos de él y eran tan realistas como fotografías pero más sugerentes. Los llamé para explicarles el tema, nuestro problema, y para ver si querían hacernos el favor de colaborar en nuestro proyecto. Aquí les doy las primeras gracias, porque a los dos minutos de colgar me llamaron para decirme que contara con ellos, que la idea les había encantado. El reto estaba en marcha.
Tras varias conversaciones vimos que lo mejor era hacer un dibujo a escala y luego plotearlo a tamaño real, así que una acuarela de 30 x 60 cm se convertiría en un telón de 6 metros de alto por 12 de largo. ¡11 veces más grande que el original! Esto llevaba implícito un problema, el nivel de detalle del dibujo debía ser altísimo para que al multiplicarlo por 11 no se distorsionara. Bueno, los aspectos técnicos, luego que los cuenten ellos si quieren, yo sigo con la historia, porque antes venía el principal problema: ¿Cómo es la batalla entre el bien y el mal, el encuentro entre el cielo y el infierno?. Como arquitecto debo decir que no hay proyecto más interesante que diseñar el reino de los cielos. Pero, ¿como representarlo en un telón de carnaval? Confiamos plenamente en José, y éste nos devolvió la confianza con creces.
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Rocío, te digo lo mismo. Eres única, no cambies nunca, y espero que siempre estemos en contacto.
Bueno niños, que las GRACIAS que os damos desde aquí son como nuestra batalla. ETERNAS…
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