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Pasodoble a Rafael Cózar

Hola a todos, queridos amigos del carnaval.

Siempre que llegan estas fechas me entra el gusano del carnaval en el estómago con tanto rigor que no puedo evitar que me salga la vena compositora y cantora del tres por cuatro. De esta forma empecé a escribir, porque sí, con la intención de guardarlo en un cajón, un pasodoble que me rondaba la cabeza hace tiempo. Conseguí darle forma y creo que es el momento de publicarlo, y que mejor escenario que esta página, una ventana permanentemente abierta a la brisa del carnaval.

El pasodoble va dedicado a Rafael Cózar, nuestro Baltasar particular y surgió como una necesidad imperiosa en el tiempo, de dedicarle un homenaje a un hombre que colmó de ilusión los sueños de tantos niños marteños, durante no sé cuantas generaciones.

La historia comenzó la tarde de Reyes Magos, cuando estaba ultimando los regalos de Reyes (como suele pasar, siempre a última hora), en un comercio marteño, El Capricho, cuando mi amiga de la infancia Inma Blázquez me habló de que este año ya no saldría en la cabalgata Rafael Cózar, argumentando los típicos achaques de la edad y algún que otro problemilla de salud y que éste iba a dar el relevo a su hijo, que se llama igual que él.

Reconozco que en ese instante me invadió la nostalgia y sentí un poco de pena. Pero mi alegría fue inmensa cuando en la cabalgata pude verle de nuevo y la emoción se apoderó de mi.

Estos estados de emoción son los mejores para escribir, y de ahí surgió la letra de este pasodoble que como digo llevaba tiempo rondando en mi cabeza, y aunque tenía algún retazo de algún que otro verso no encontraba la forma de iniciarlo, que como casi siempre me ocurre, es lo que más dificultad me entraña, el inicio de una canción. Una vez superado este trance, el resto es coser y cantar, o mejor dicho, escribir y cantar a la vez lo que se va escribiendo, porque yo soy incapaz de escribir si no lleva la música aparejada. Lógicamente no lo puedo cantar, pero hay que tener en cuenta que es un pasodoble chirigotero, con un tres por cuatro muy marcado. La letra dice así:

RECUERDOS DE MI NIÑEZ

Dedicado a Rafael Cózar.

Recuerdos de mi niñez

me llevan a aquellos años

en que de la mano de mi padre

salía a la calle

a ver los Reyes Magos.

Recuerdo aquella sonrisa

de esa carita morena,

con los dos labios pintados

del mejor de los tres Magos;

mi querido Baltasar

cómo voy a olvidar

aquellos años pasados;

a quien me dio tanta ilusión

y llenó mi corazón

de todo menos carbón.

Los años fueron pasando,

lo recuerdo con gran cariño,

porque ahora yo soy el padre

que de la mano lleva a su niño;

y allí sigue estando él,

cada año más viejecito,

pero con la misma ilusión

de cuando yo era un chiquillo.

Dios te guarde muchos años

porque mi mejor regalo

será verte cada año

tan altivo en tus carrozas,

su graciosa Majestad,

mi querido Baltasar,

mi querido RAFA CÓZAR.

Juan Carlos Martín Garrido

Entrevista a Juan Torres

Juan TorresHoy en nuestra sección de entrevistas tenemos a un autor de carnaval que consiguió que todo un pueblo se volcase con sus agrupaciones. Padre de los autores y directores de la actual comparsa de “Entre Olivares”, fue creador de coplas recordadas todavía hoy en día como “Raíces del ayer”, todo un himno al emigrante tuccitano. Juan Torres Orta es leyenda viva del carnaval marteño, y si en Cádiz el nombre de Paco Alba va oficialmente vinculado a la comparsa, en Martos la copla de carnaval va asociada a Juan Torres.

Han pasado ya más de veinte años desde tu primera comparsa, ¿cómo recuerdas ese primer año de comparsista? Llegué al carnaval de forma casual: era presidente de la Peña Flamenca de Martos, y el Ayuntamiento se dirigió a nuestra asociación, dada nuestra sintonía con la música y el cante, para que, de alguna manera, pudiéramos colaborar en el resurgir de la fiesta en Martos. Sabía de los carnavales de Cádiz, de lejos. Pero hasta ahí. En cuanto a mis recuerdos, fue algo muy agradable, sobre todo, porque conté con gente a la que le gustaba cantar y muy dispuesta a la “tarea”. En ese tiempo no tenía mucha noción de lo que era una comparsa y una chirigota; de hecho, aunque salimos y nos anunciamos como la comparsa “Los Gitanillos de la Peña”, de lo que realmente íbamos era chirigota, por nuestro vestuario, canciones y manera de actuar en el escenario… Ensayábamos en “el Pinar”, y no podíamos imaginarnos la magia de cantar en público. Para mí, los aplausos que aquella noche, en la Plaza, recibimos de nuestro pueblo, me supieron a gloria, y más, viendo las caras de inmensa alegría de todos mis compañeros, ante la gran acogida del público allí presente. Fue una gran alegría para todos… y para mi familia, dado que ellos, con un grupo de amigos, también participaron, aunque sólo fuera en el apartado de disfraces. ¡Ganamos, ambos, el primer premio!

De todas tus agrupaciones guardarás un grato recuerdo, pero…¿cuál es la que más te llegó y a la que le tienes un cariño especial? La comparsa, para mi, era como un hijo: la cuidaba, la mimaba y hacía todo lo posible para que no le faltara ni un pequeño detalle. Le dedicaba muchas horas… y siempre pensaba que la que iba a presentar -ése año- era la mejor. Así que es difícil elegir entre ellas. Ahora bien, “Los Antiguos Jornaleros”, por el espaldarazo de la comparsa y éxito de nuestras canciones (Raíces del Ayer, La calle las Huertas, Aquellos Chicos, la Basura, Hace tiempo que ocurre…) y “Hombres de Fuego” son dos tipos que jamás olvidaré y a las que les tengo un cariño muy especial. “La comparsa de los bomberos” salió en el 1987, y fue, sin lugar a dudas, el año más difícil para mi, sobre todo, por la responsabilidad que entrañaban las letras sobre los sucesos ocurridos el verano anterior en Martos. El pueblo esperaba una respuesta de la comparsa a los tristes hechos acaecidos en el Cerro; teníamos que estar a la altura de las circunstancias y “el pueblo, de alguna manera, nos había elegido como su abogado defensor”. El Auditorio nos recibió con un lleno a rebosar. No defraudamos y todo salió perfecto. Con este tipo de bombero estrené una de mis coplas favoritas: ¡Pilar de la Fuente Nueva! Para ello, tuve que documentarme sobre el tema y, al final, el resultado me dejó bastante satisfecho: había conseguido una bonita canción que, explicaba la historia del pilar de una forma popular, sencilla y didáctica… así como también llevaba la carga reivindicativa de un pasodoble de comparsa:


Testimonio de los siglos, de piedra formado estás.
Historia de un monumento, que ennoblece la ciudad;
vestigio de un gran imperio; es tu cara: águila real.
Fuente de vida te hicieron, para la sed tu calmad.
Tu piedra que eres historia, tu historia que eres pilar…
por la Fuente Nueva paso… y no escucho tu cantar.
Qué hicieron contigo que, ahora, desterrado y triste estás:
junto a la plaza de toros, la estocada fue mortal.
Qué sólo estás, qué sólo te estás quedando,
¿qué va a ser de ti pilar? por dentro estarás llorando.
Qué sólo estás, ¿quién te ha hecho, a tí, ese daño?
que ni el agua quiere, ya, besarte tus labios, caño”…
TODAVÍA SIGUE SÓLO NUESTRO PILAR. No tenemos remedio. Ese año, como todos, también conseguí el premio a la mejor letra. Fue para el pasodoble “Vieja Estación”. Curiosamente le puse la misma música que la del pilar, tenía un estribillo con mucha fuerza y terminaba así:

…vieja estación, viejos muros y terrados,
viejo el árbol de los dos…viejos besos, allí, robados.
Vieja estación, cómo te estás marchitando.
Se ha parado tu reloj… yo, me pregunto, ¿hasta cuándo?
Juan Torres - Comparsa ¿Cuál crees de las agrupaciones que has creado, ha sido la que más aceptación obtuvo del público en su momento? En mi opinión, “Los Antiguos Jornaleros”.

¿Cómo se desarrollaba un ensayo de la comparsa de Juan Torres? En principio, mi primera labor era preparar las músicas y las letras. Esto lo hacía, preferentemente, en los meses de Julio y Agosto. Después, a mediados septiembre, comenzaban los ensayos. Eran algo diferentes a los de ahora. Nuestra comparsa era muy heterodoxa y no se atenía, en buena medida, a los cánones de Cádiz. Casi todas las coplas tenían diferentes músicas. Por este motivo, por un lado era más complicado, pero, por otro, al ser más ameno por su variedad, la afinación de la copla iba mucho más ligerita y no se hacía pesada a los componentes la repetición.

En todas las comparsas que saqué había dos o tres pasodobles y todos tenían distintas músicas, lo mismo ocurría con los cuplés. Yo no quería repetir como hacen en Cádiz, y el pueblo, sin saberlo, me lo agradecía; debido a esta manera, mis pasodobles no los presentaba tan perfilados como se hace ahora, que rozan la perfección. Además yo no estaba tan preparado para dirigir como lo hacen ahora. Hoy día es diferente, y muchas comparsas utilizan las nuevas tecnologías a su alcance. Ejemplo de esto, lo veo cuando mi hijo, Víctor, prepara “su popurrí” apoyándose en programas mediante el ordenador… pegar, cortar… todo esto es un mundo que antes no teníamos. Yo lo hacía de una forma más simple y sencilla, pero que también funcionaba.

Componía sin atenerme a los cánones de Cádiz, y esto me daba más libertad para las coplas de carnaval. Me acuerdo que, con “los Romanos de Tucci”, la presentación la hice a ritmo de tarantela italiana. También se hizo muy popular en el pueblo el tanguillo ¡iji, arsa , cómo estaba la Plaza! una copla que, aunque llevaba el ritmo de tanguillo, se salía de los “moldes gaditanos”.

Nunca he sido gran perfeccionista y, aunque le daba importancia a las voces, al tener tantas músicas distintas, cuando veía que “la canción estaba más o menos redonda” pasaba a otra. Así que, primero reunía a los músicos y, días después, toda la comparsa empezaba a aprender las cuartetas junto con sus músicas respectivas. Siempre dejando para el final el popurrí, en el que incluía los sucesos más actuales que se daban en el país. Se podría decir que, era un resumen, generalmente político, de los sucesos acaecidos durante todo el año anterior. En la colocación de los componentes en el escenario, tenía en cuenta no sólo las voces agudas y las graves sino también la expresividad de mis compañeros.

¿Se “copiaba” de Cádiz? Por mi forma de ser, no. Tengo gran facilidad para componer, y esto es muy importante. Tú lo has comprobado en el coro Entre Olivares, con las canciones que compuse para el mismo y que llegaron al centenar. Puntualmente, sí he metido alguna que otra música de allí, bien un pasodoble o un cuplé, pero, como te digo, no llegaría al 1% de las músicas que he compuesto para la comparsa. En aquellos tiempos, en nuestra ciudad no había gran educación carnavalera. Por este motivo, mi método funcionaba muy bien: hacer canciones pegadizas y amenas que llegaran al pueblo fácilmente, y que reflejaran preferentemente las cosas de aquí. En este aspecto he sido distinto y diferente a la composición de Cádiz, aunque siempre haya metido los mismos ritmos -pasodoble y tanguillo- que utilizan los gaditanos. La fórmula nos iba bien y las cintas grabadas dieron fe de ello: de los Antiguos Jornaleros, cuya grabación se hizo en Montilla, tuvimos que encargar a lo largo de varios años más de 4000 cintas; cuando se agotaba un pedido, se hacía otro.

En todos esos años habrás guardado infinidad de anécdotas, ¿cuéntanos alguna en especial? Fueron muchas. En Jaén, después de ganar el primer premio con los Antiguos Jornaleros, al año siguiente nos presentamos con “Hombres de Fuego” (vestidos de bomberos). Antes de empezar nuestra actuación, y como siempre ocurría (“sin vino” era difícil que dieran el máximo rendimiento los componentes de la comparsa, y más, cuando procedían de la Peña Flamenca de Martos), varios componentes de la comparsa (entre ellos José Manuel Cuesta, “Palote”, Cuevas y Manolo Castro) me pidieron permiso para ir a comprar unas botellas de rioja en un bodegón que había muy cerca del parque de la Victoria, donde íbamos a actuar. El bodegón estaba en la avenida de Madrid y… ¡a punto de empezar a cantar… no habían regresado! Por fin, aparecieron y se incorporaron! Los miré… y si puedo “los mato”. Después me contaron que, estando en el bodegón, se produjo un incendio en el segundo piso de la misma finca; la gente, viéndoles vestidos de bomberos (nos prestaron unos trajes, fuera de servicio, el cuerpo de bomberos de Jaén), acudieron a ellos, reclamando su ayuda… y no veáis las fatigas que pasaron para decirles que, ellos, no eran los auténticos… casi les pegan y no les dejan salir del bodegón. Otra vez, con la comparsa “Romanos de Tucci” nos fuimos a “coger aceituna” al llamado Puente Romano, muy cerca de la ciudad.

¿Cual fue el momento más triste y más alegre? Alegres fueron todas nuestras actuaciones. Hasta en los ensayos: con “Palote” y Miguel Álvarez era muy difícil estar serio. El más triste fue el último año, cuando el Ayuntamiento dejó el carnaval en manos de un señor particular. Sabía poco del tema, y momentos antes de salir al escenario, viene y nos dice que, de las tres guitarras que llevaba nuestra comparsa, una, no podía actuar (aquel año debutaba con nosotros -con trece años- mi hijo Juan Fernando) y que nos descalificaba si lo hacíamos. No hay que decir que, al ser unas bases desconocidas para nosotros, nos subimos todos al escenario. Pero vi en su actitud y comportamiento, un cierto aire de revanchismo o de presión por parte de otros grupos. Ése fue mi último año. El carnaval es como un teatro popular que unas veces nos hará reír y otras emocionarnos y, quizás, que se nos escape alguna que otra lágrima… pero hasta ahí….Los malos rollos no me van… y corté. Fue muy bonito mientras duró.

En tus años de actividad carnavalera también surgieron otras agrupaciones, ¿qué relación había entre vosotros? La misma que tenéis vosotros. Prácticamente ninguna. Dedicábamos el tiempo a nuestra comparsa y no a “intercambiar golpes” con la competencia. Siempre he luchado por “mi comparsa” y por mejorarla y no he perdido ni un segundo en ver lo que hacían las demás.

¿Cómo fue la experiencia de ser pregonero del carnaval? Una de las más gratas de mi vida. Para ello conté con la colaboración del coro “Entre Olivares”, a los que doy las gracias desde este rincón de carnaval, así como también la colaboración que me prestó el guitarrista flamenco, Amador González. Los recitados por soleá, las músicas, letras, la escenografía y la puesta en escena… hicieron una noche mágica que jamás olvidaré. Todavía suenan en mis oídos los aplausos y silbidos de satisfacción de aquél público leal, forofo y entregado, que abarrotaba la sala. No me olvido también de los abrazos de felicitación que recibí al final del pregón, con el público puesto en pie. FUE UNA NOCHE PARA ENMARCAR EN EL RECUERDO. Todavía, algunas veces, cuando va a llegar de nuevo el carnaval, mi mujer y yo ponemos el video de este pregón.

Después de unos años de “parón”, el carnaval en Martos vuelve a resurgir. ¿Cómo ves la afición de ahora y la de hace veinte años? Ahora veo menos público en las actuaciones que antes. Quizás por el paso del tiempo, quizás porque “antes vendíamos mejor el producto” que ahora. De cualquier manera, la afición ha ido decayendo, pero, pienso que la podemos recuperar. Para ello, habrá que volver a cantar por las calles, por los bares, en las plazas… como hacíamos nosotros. De ésa manera podemos recuperar los buenos aficionados de antes. Mucha gente joven no ha escuchado las comparsas marteñas, las desconocen, a pesar de que éstas últimas tienen mucha más calidad que las de antes. Si por mi fuera, el pasaje-peatonal de Arrayanes, las sedes de las asociaciones de vecinos, pub, discotecas… las convertiría en escenarios naturales de nuestras comparsas; de esta manera, acercaríamos, aún más, el carnaval al pueblo y fomentaríamos la afición. Pero esto está en las manos de los nuevos comparsistas.

¿Qué diferencia hay entre el carnaval de hace veinte años y el de ahora? El de antes era más básico y sencillo y estaba menos perfilado que el actual. Hoy día, es una delicia escuchar las comparsas marteñas, parece que estamos en el Falla. Están mucho mejor preparadas, en casi todos los aspectos. No paran de “mirarse en Cádiz” y eso se nota en sus actuaciones. Si acaso, les pongo un pequeño pero: no recogen bien los sucesos del pueblo… y esto es, en mi opinión, muy importante y creo que se nota en la aceptación que tenía el carnaval de antes y el de ahora, aunque, como contrapartida, esto les facilita las actuaciones fuera del pueblo. En mis tiempos, mucha gente esperaba con gran interés las coplas de carnaval, ahora el interés es menor.

¿Cómo ves las comparsas marteñas actuales? Muy completas. Están mejor preparadas y suenan mejor.

El año pasado colaboraste con “Santa María” en las letras de los cuplés, ¿sentiste el gusanillo del carnaval? El gusanillo nunca lo he perdido. “Pero lo mato” escuchando cualquier coro, comparsa o bien chirigota. Sobre todo, si es la comparsa de la asociación cultural Entre Olivares

¿En algún momento te has planteado volver? Sí. Algunas veces, lo hemos hablado algunos antiguos compañeros. Pero sólo testimonialmente, no con carácter competitivo; para esto último, ya no estamos preparados. Pero sí me gustaría SER TELONERO en nuestro Teatro Maestro Álvarez Alonso y cantar con el tipo de “Antiguos Jornaleros” mis antiguas coplas: “Raíces del Ayer”, “Vieja Estación… sería algo grande, aunque hay compañeros que ya no están entre nosotros.

¿Con qué voces, tanto actuales como de antaño, formarías una comparsa? De las voces de antaño, cogería las de Antonio Carrillo, Abelardo Expósito y la gaditana de Miguel Álvarez, sobre todo. De las de hoy, y dado que actualmente, las comparsas marteñas gozan de muy buena salud, haría una comparsa a la que llevaría a Cádiz a luchar por meterse en la final del Falla. Pero, como me imagino que quieres que “me moje”, un poquito: me quedaría con “todo el equipo de Entre Olivares”, aparte, haría algún que otro fichaje galáctico, como la voz de Paco Aranda… con todas ellas haría una comparsa de ensueño.

¿Qué le falta y qué le sobra al carnaval de Martos? Le falta cuidar más de él, por parte de las autoridades locales y que las comparsas se acerquen lo más posible al pueblo, para que puedan llegar mejor sus coplas. En cuanto a sobrarle, muy poco… si acaso, cierta acritud y tirantez que percibo entre los componentes de las distintas comparsas, pero eso, es algo endémico en Martos, también nosotros lo sufrimos en su momento.

¿Había fanáticos hace veinte años o esa es una especie de reciente creación? Antes, no sé si pudiera haber algún que otro fanático, pero lo que sí sé es que había muchos forofos.

El apoyo de las instituciones ¿era mayor antaño? Económicamente, más o menos similar. Sin embargo, culturalmente, se nos respetaba mucho más, y se nos tenía en cuenta para cualquier actividad: como nuestras actuaciones en el “Día de la Aceituna”, en TVE para el programa “Día a día”…

Cuando se abre el telón y ves el trabajo de tus hijos, ¿se ve el reflejo de una educación carnavalera? Sí, a Juan Fernando y Víctor, desde muy pequeños les ha gustado acudir a los ensayos. La guitarra de Juan Fernando ha colaborado en la grabación en Montilla de nuestras cintas, desde “Hombres de Fuego”. Por cierto, que allí se le cayó un diente de leche. Ya de pequeños formaron una mini-comparsa y actuaban de teloneros con nosotros en algunas ocasiones, como en “Los Antiguos Jornaleros” y con ”Hombres de Fuego” donde, con un auditorio lleno a rebosar, se comportaron como unos auténticos profesionales. La foto da fe de ello:

Juan Fernando y Víctor

¿Han sabido coger bien el relevo? El relevo lo ha cogido perfectamente. Han sabido “mamar de muchas fuentes”, están mucho mejor preparados que yo… y tienen una enorme afición. Esto, y las muchas horas que dedican a la comparsa, se traduce en los éxitos obtenidos. Mis hijos forman un tánden perfecto, muy difícil de conseguir. Tanto en letra como en música son unos fenómenos y, “sin pasión de padre”, si vivieran en Cádiz, de seguro que estarían dirigiendo una comparsa.

Sabemos que para un padre todo lo que hacen sus vástagos está bien, pero seguro que hay aspectos de la comparsa de tus hijos que no te gustan o que cambiarías, cuéntanos cuáles. De mis hijos me gusta todo lo que hacen, soy su fan número uno. Si tuviera que decir algo que no me gusta, sería: que todavía no les he escuchado decir que quieren ir a Cádiz a concursar. La comparsa que dirigen está preparada para ello y dejaría el pabellón de Martos en buen lugar. Este año, con el tipo de “Santa María”, hubiera sido el más idóneo para mostrar a los gaditanos que, lo mismo que una comparsa gaditana del Puerto, salió con el nombre de “Andaluces de Jaén”, al cabo de los años, una comparsa de Jaén, vuelve a la bahía y atraca en el Falla con el nombre de “Santa María”… ¡más marinero imposible!

Suponemos que conocerás algo de la comparsa de tus hijos para el próximo carnaval, ¿cómo la ves? Conozco algo. La veo como todos los años: ilusión, trabajo, alegría, musicalidad, letras… lo de siempre en ellos.

Y para terminar un mensaje a todos los que te siguieron y a los que ahora continúan la afición por las coplas de carnaval. A los que me siguieron, que todavía estoy en el proyecto de recopilación de mis mejores coplas de carnaval y pasarlas a un CD, como algunos me han pedido. Quizás, algún día, las presentemos en el Teatro. A los actuales, que escuchen a las comparsas marteñas, merecen la pena.

Saludos a todos y viva el carnaval… que ya pronto lo tenemos aquí.

En las servilletas… de las tabernas

TarbernaEn las mentes de los lugareños más viejos están los nombres de Juanillo Merengue, El Cenachero (capachero), Alfredo El Confitero, Juanillón, Ramón Márquez… Éstos hombres fueron los iniciadores o bien continuadores de una larga tradición marteña carnavalesca que, tiempos atrás, tuviera en nuestro pueblo singular atractivo ciudadano, y más, dado que por los albores del siglo XX había pocas cosas para entretener al personal. Ellos entendieron que la tan torpemente usada cultura popular no es la que al pueblo se le da, sino la que el propio pueblo genera. Ejercieron como poetas de lo popular, cronistas de su tiempo y críticos sagacísimos de la vida local.

En la década de los años cincuenta del pasado siglo -cuando de niño me vestí por primera vez de “máscara”-, sus canciones se escuchaban poco, dado que las “murgas”, por aquel tiempo, estaban prohibidas por el régimen franquista… Más adelante, una vez que la dictadura se iba haciendo más flexible (a partir de los sesenta), poco a poco, las viejas canciones que los murguistas dieron vida, volvieron a escucharse… pero ya sólo en algunas tabernas o en fiestas muy particulares. Yo las aprendí de Paco Montes y de Antonio Garrido (el Pipo), dos compañeros míos de trabajo, allá por los años setenta, en alguna fiesta celebrada en el San Felipe Neri de Martos, donde trabajábamos. Y, como anteriormente os he dicho, eran crónicas sociales de lo que pasaba en el pueblo, con músicas sencillas, pero, algunas, de enorme calidad:

1
Hay en este pueblo
una gran modista
que se ha enamorao
de un gran futbolista.

Ella lo ha tomao
con tanto fervor
que está deseando
que la metan Gol.

2
Los capullos que lucimos
el presente carnaval
a las muchachas les gustan
y no paran de mirar.

Los que “visten de paisano”,
como verguenza les dá,
llevan “el capullo” dentro
y no lo quieren sacar.

3
Se verificó el sorteo,
el día de San Andrés.
Y le tocaron los huevos,
y los huevos le tocaron…
en el mil doscientos tres.
4
Del reparto de las tierras
ha surgido un gran coloquio,
tres mocitas peleaban
repartiéndose a su modo:

-Yo quiero Cazalla, entera
-Y yo, Nicuesa y el Floro
-Y la tercera pedía…
¿Qué pedía?
¡”La Polla” de D. Teodoro!

Cazalla, NIcuesa, el Floro y el cortijo “La Polla” eran y son cuatro fincas de Martos, cuyo dueño, por aquel entonces, era D. Teodoro (el apellido lo omito). Otro día os pondré algunas letras más de estos compositores marteños, de sus murgas, así como también letras de Paco Villén Ortíz, “El Capachero”; que no sólo se inspiraba con el vino, sino que se iba al Parque de Manuel Carrasco a inspirarse. “La historia del arquitecto Extremera” la compuso Paco, un día en el parque, según me dio detalles un amigo de él, que tiene todas sus “historias letradas”. Paco “El Capachero”y su hermano Ramón fueron dos grandes estandartes del carnaval marteño. Ramón, cuando salíamos de Gitanillos de la Peña, de Antiguos Jornaleros… se venía con nosotros vestido de carnaval y animando la fiesta. Era un tío muy alegre y caía muy bien al personal.; por aquel tiempo, ya tenía más de sesenta años y unas ganas de vivir locas, actualmente vive en Asturias. Jóse (el hijo de hijo de Paco) con frecuencia “liga” conmigo en el Larguero y en Los Reales. Conserva los genes que les trasmitió su padre: no hay carnaval que no se vista, y es muy difícil que lo reconozcas. Yo lo tuve este año a mi lado en el Teatro… y como no me hablaba, no me enteré hasta que me llamó la atención… como también llamó la atención en un pub de Fuensanta cuando se ligó ¡al marido de una señora!

Saludos cordiales. Juan Torres.

Esto sí que es una chirigota

La chirigota es el alma del carnaval. Es quien distingue a Don Carnal de Doña Cuaresma, y quien mejor se ríe de ella y de todas sus oscuridades. Ella sola es tragedia y comedia, es verdad y mentira, chiste y noticia. Una caricatura que refleja la realidad y que nos pone, como personas, en nuestro sitio. Es la ironía de nuestras propias miserias. La burla de lo que hacemos mal y podíamos haber hecho bien. Es una multa a nosotros mismos. Y tiene la particularidad de ser actual a pesar de estar casada con el mismo ritmo y compás desde su origen. La chirigota hace que te rías de ti mismo y que no puedas parar de hacerlo. Es el niño que dice lo que todos piensan porque no tiene ataduras en la conciencia. La chirigota es tan graciosa que cuando se pone seria se le hace más caso que a una comparsa. Nadie posee una Verdad con mayúsculas, pero las verdades irrefutables están en un pasodoble chirigotero. Las verdades descaradas y desvergonzadas sólo se oyen al compás de bombo y caja, con entradilla de pito de caña y con coloretes en la cara.

Parkinson JurásicoHace tanto tiempo que no tenemos chirigotas en Martos que algunos años las importamos aunque vengan de Marte. La verdad es que en este caso es mejor vivir del recuerdo que soñar con el futuro. Todas las virtudes de la chirigota y ningún defecto – quien sepa un defecto de la chirigota que me lo diga – se encuentran facilmente en un grupo que se prejubiló antes de tiempo en el año 97 con aquel “Parkinson Jurásico” y que debía tenernos todavía pendientes de cada Febrero para escuchar sus voces. Un grupo de gente del que destaco a Juan Carlos Martín por su fidelidad al tanguillo, por sus verdades como puños, por aquellos “estirones de orejas” chirigoteros a los políticos, porque la sencillez de sus letras y músicas hacían a su chirigota más auténtica y castiza. Aquel grupo dio pie a una peña carnavalesca que escribió su capítulo en la historia del carnaval de Martos. Hoy día existe esa peña, pero estos son otros López. Vosotros tenéis a Amador y a Rafa, lo mejorcito de aquel grupo.

Este párrafo es un anuncio para el Día a día, y dice así: “Necesitamos urgentemente más ‘juancarlosmartin’. La chirigota, con su arte, despierta las conciencias del pueblo, y con tanta comparsa nos estamos aletargando”.

http://elantifazz.blogspot.com

José Castillo.

Coplas y coplillas

Hace tres carnavales, el antifaz dijo lo que dijo. Hace tres carnavales que el antifaz recuerda sus palabras. Hoy, para vosotros, para el “tatachín” que da ritmo a vuestro corazón, el antifaz recuerda y repite sus palabras, válidas por muchos años que pasen. Gracias otra vez.

En la historia de nuestro país hay un capítulo que me resulta parecido a un túnel, largo y oscuro; la eternidad de esa época esta plagada de cacerías y pantanos, de NO-DO’s y copas de Europa, de escondidos y detenidos. Don Carnal fue uno de tantos que se refugiaron en el exilio porque no había otro remedio si se quería seguir viviendo libremente. La pena fue que mientras Don Carnal se iba, su novia, la copla, que tantas veces había puesto un vestido de gala a las letras de murgas y comparsas, se quedaba a vivir bajo el régimen del dictador ante la atenta mirada de su institutriz la censura. Qué pena de novia sin su amor. Qué pena de Carlos Cano.

Pero como no hay mal que cien años dure, aunque algunas veces lo parezca, llegó un día en que los enamorados volvieron a abrazarse y a salir a pasear de la mano cada vez que Febrero les invitaba. Y a partir de ese momento la copla, falsamente identificada con la dictadura, volvió a pertenecer a su original dueño: el pueblo. A la vuelta de unos años los marteños nos enteramos de todas estas noticias gracias a un grupo de gente coplera que hizo soplar el levante gaditano por la Plaza – ya de la Constitución – y por la Fuente Nueva. Juan Torres, contagiado de la alegría y la tristeza (verdades al fin y al cabo) que nos brinda la copla, nos regaló su “Raíces del ayer” que pasó a ser el himno de Martos, a pesar del glorioso y altivo de los Calvos Morillos y Pulidos Moulets. Los antíguos jornaleros dieron paso a otras agrupaciones que nos enseñaron a admirar y a querer al pasodoble y al cuplé, a cambiar el ritmo de nuestro corazón por el de un tanguillo, y a conseguir con sus coplas a Andalucía que ese corazón bombease sangre blanca y verde: ¿imposible? Jajaja.

Sus voces flamencas dejaron constancia del compromiso de la agrupación con Martos, y consiguieron que las letras de carnaval pasaran de ser “coplillas” a elevarse a la categoría de copla, que es como siempre debieron llamarse. Además vimos como no sólo hay gracias y bromas dentro de un disfraz sino también denuncia, crítica y un reflejo de la realidad que vivíamos. Una auténtica revolución. Juan Torres y su grupo son ya eternos, como el relleno de carnaval. Son una parte de nuestra historia y una enciclopedia donde se aprende a querer a la copla.

José Castillo.

Volver

Navidad, tiempo de reencuentro, tiempo para pasar en familia, para volver a las raices. Como decía el famoso anuncio de turrones, “vuelve a casa por navidad”.

Mucha gente de Martos, que por un motivo u otro vive lejos de su tierra, regresa por estas fechas. No hay mejor manera de expresar el sentimiento que nos invade a los que estamos lejos de “nuestro Martos” que como lo hizo Juan Torres Orta en su comparsa “Los antiguos jornaleros”…