Hola a todos, queridos amigos del carnaval.
Siempre que llegan estas fechas me entra el gusano del carnaval en el estómago con tanto rigor que no puedo evitar que me salga la vena compositora y cantora del tres por cuatro. De esta forma empecé a escribir, porque sí, con la intención de guardarlo en un cajón, un pasodoble que me rondaba la cabeza hace tiempo. Conseguí darle forma y creo que es el momento de publicarlo, y que mejor escenario que esta página, una ventana permanentemente abierta a la brisa del carnaval.
El pasodoble va dedicado a Rafael Cózar, nuestro Baltasar particular y surgió como una necesidad imperiosa en el tiempo, de dedicarle un homenaje a un hombre que colmó de ilusión los sueños de tantos niños marteños, durante no sé cuantas generaciones.
La historia comenzó la tarde de Reyes Magos, cuando estaba ultimando los regalos de Reyes (como suele pasar, siempre a última hora), en un comercio marteño, El Capricho, cuando mi amiga de la infancia Inma Blázquez me habló de que este año ya no saldría en la cabalgata Rafael Cózar, argumentando los típicos achaques de la edad y algún que otro problemilla de salud y que éste iba a dar el relevo a su hijo, que se llama igual que él.
Reconozco que en ese instante me invadió la nostalgia y sentí un poco de pena. Pero mi alegría fue inmensa cuando en la cabalgata pude verle de nuevo y la emoción se apoderó de mi.
Estos estados de emoción son los mejores para escribir, y de ahí surgió la letra de este pasodoble que como digo llevaba tiempo rondando en mi cabeza, y aunque tenía algún retazo de algún que otro verso no encontraba la forma de iniciarlo, que como casi siempre me ocurre, es lo que más dificultad me entraña, el inicio de una canción. Una vez superado este trance, el resto es coser y cantar, o mejor dicho, escribir y cantar a la vez lo que se va escribiendo, porque yo soy incapaz de escribir si no lleva la música aparejada. Lógicamente no lo puedo cantar, pero hay que tener en cuenta que es un pasodoble chirigotero, con un tres por cuatro muy marcado. La letra dice así:
RECUERDOS DE MI NIÑEZ
Dedicado a Rafael Cózar.
Recuerdos de mi niñez
me llevan a aquellos años
en que de la mano de mi padre
salía a la calle
a ver los Reyes Magos.
Recuerdo aquella sonrisa
de esa carita morena,
con los dos labios pintados
del mejor de los tres Magos;
mi querido Baltasar
cómo voy a olvidar
aquellos años pasados;
a quien me dio tanta ilusión
y llenó mi corazón
de todo menos carbón.
Los años fueron pasando,
lo recuerdo con gran cariño,
porque ahora yo soy el padre
que de la mano lleva a su niño;
y allí sigue estando él,
cada año más viejecito,
pero con la misma ilusión
de cuando yo era un chiquillo.
Dios te guarde muchos años
porque mi mejor regalo
será verte cada año
tan altivo en tus carrozas,
su graciosa Majestad,
mi querido Baltasar,
mi querido RAFA CÓZAR.
Juan Carlos Martín Garrido

Cuartos es un escalón más. Cuando había dos semifinales se hablaba de estrategia, aunque la verdadera semifinal era la del segundo pase. Ahora no valen pamplinas. Si has hecho cuplés malos ya los has cantado en preliminares; si te quedan cuplés malos, ve plegando el forillo. Para algunos cuartos es un trámite, un ensayo de semifinales; para otros es un ultimátum; para otros es un pelotazo escrito con emociones, con lágrimas de alegría, con gritos de “ole ahí mis cojones ahí”. Por cierto, el gaditano no tiene el ego subido como si los pasodobles llevaran levadura; el gaditano tiene el ego en su sitio; ya quisiera yo, me cago en mi suerte.
De nuevo cruzamos el puente con su paisaje incomprensible y falsamente industrial, después de un viaje en el que el cielo no abrió su boca azul hasta que no pasamos Jerez. El sol estaba de chirigota con nosotros porque se nos ocultó detrás de las nubes dejando ciegas las cámaras de fotos antes de acostarse en la Caleta. Pescao frito, café, siesta, ducha y ganas de chinchimpun. Llegamos a los alrededores del teatro como sabuesos del carnaval, olisqueando los preparativos del concurso, algún pasacalles prematuro, como mariscando algún tipo entre las piedras de la plaza. Encontramos a un novato, que llegó allí desde Jaén como nosotros, al que conocimos sin saber quien era porque tenía la boca más abierta que las luces de sus ojos, y en el corazón se oía un bombo de carnaval. Tenía una entrada en el bolsillo que decía: “Gran Teatro Falla. Donde la mitad de tus sueños se hacen realidad.” Nos dimos la mano y algo me dijo que volveríamos a vernos. Quizá Momo.

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