Los héroes son esos personajes que visten de una manera particular que les hace parecer hijos de dioses; una camiseta del ‘mercaillo’ en su heroico cuerpo luce como la armadura del Cid, y nos distancia su mirada, nos paraliza su carcajada, su presencia nos acelera el corazón, el recuerdo de su nombre nos hace mirarnos en el espejo como si fuéramos más parecidos a ellos. En carnaval, un héroe es otra cosa. Es alguien tan cercano que sonríe detrás de las cámaras de fotos, que canta con los zapatos sucios de construir escenarios a la altura de un adoquín, que se emociona más cuando menos lo prepara, que no se cubre con antifaz, que sus armas son coloretes, que se equivoca con la naturalidad con la que te equivocas tú, que canta cuplés mientras se enfría la cerveza y pasodobles mientras se calienta el corazón.
La primavera estuvo tardía, casi burlona, más llorona que florera, pero siempre coplera. Estuvo escondida como si llevara la intención de alargar el pasado Febrero y que Marzo se durmiera, y que Abril pasara descalzo y que Mayo explotara tormentas de coplas aquella noche en Torredonjimeno, y que Junio nos recordara, y que Julio nos inspirara, y que Agosto nos ahogara en la distancia, y que Septiembre nos envenenara, y que Octubre nos invitara, y que Noviembre se muera oscuro, y que Diciembre pase rápido mientras escriben los héroes, y que Enero nos emborrache para el siguiente Febrero. Qué intenciones le damos a las coplas que ni la primavera nos sirve para enamorarnos a los que ya veníamos con la sangre tintada de las letras de un libreto.
No sé qué puede hacer un héroe del carnaval en primavera excepto subirse a un escenario con la humildad de un mendigo y la elegancia de un noble a cantar la sencillez de las cosas que nos pasan, y a demostrar que no es tanto tiempo un año de coplas cuando llevas cuarenta inventando adornos para la misma plaza, para el mismo pueblo, para la misma playa. Así es un héroe, un integrista que no excluye a nadie, un enamorado que aliña con pasión las coplas, un loco que dice lo que piensa, que siente lo que dice, que escribe con el hambre de sus tripas.
Y como siempre hay una letra de carnaval que habla por ti, cantaba Antonio Martín: “… Carnaval que me haces reír, que me haces llorar, que me haces sentir. No tengo fuerzas para abandonarte, y aunque pesan los años al cantarte, tras la máscara hoy vuelvo a ti…”. Cantaba Antonio Martín, cantaba mi héroe antes de que yo pudiera saber que lo era. Aquí está mi antifaz, ‘pa ti ‘pa siempre.
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José Castillo.


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