El barrio que no tengo es tan pequeño como el universo que me rodea. No hay ciudad más grande que mi pequeño barrio, aunque no sea mío. El barrio donde no vivo es un carnaval, porque nació en Febrero, en la claridad de las noches de febrero cuando el viento es más cálido, y se confunden los deseos, se escapó un beso a mi barrio y vino a parar aquí.
En mi barrio caben los más castizos vallecanos, esos de la sangre mezclada, la piel tostada y los ojos rojos de la droga. En mi barrio cabe un Trastevere romano, donde se tiende la ropa en las cuerdas que soportan el peso del alma miserable que deja a sus habitantes con más años que sus piedras, con más piedras que la antigua Roma. En mi barrio chico están los niños de las favelas de Río, escondidos del glamour de Ipanema, que hacen sonar la música con un balón de fútbol entre sus pies descalzos. En mi barrio nació un hombre libre, un cantor; como en El Parral chileno donde nació Neruda; en mi barrio no caben más poetas de amor y política. A mi barrio llegan las coplas que trae el baile del agua salada desde el arrabal de un tango en Buenos Aires. El arrabal no es un barrio, es el paso del tiempo escrito en las paredes. Por eso en mi barrio cabe el Raval de Barcelona, porque es americano, catalán y flamenco, porque es todo lo que quiera ser; Cádiz vive en el segundo A, y Argentina en el piso de arriba.
En mi barrio cabe Andalucía entera. En una copa de vino, entran la historia y las guitarras, en una botella entramos dos, en un barril sólo entra la sangre de las uvas, en una viña se mete la blanca y verde a tomar la sal. Percheles de Málaga, de la judería de Córdoba, y si me apuras, del barrio blanco de Martos, reflejan todos los atardeceres en un solo barrio. Amarillean la cara de sus paredes pintadas a lástima y cal, con el sol en pijama y la luna recién vestida de blanco buscando los piropos de algún noctámbulo sin barrio.
Ya no caben más fotos en el álbum de mi barrio. Ya no cabe más música en las voces del viñero. Ya no cabe más Febrero. Espacio reducido de mi universo agrio. Si mi antifaz te acaricia y esperas un te quiero, niña. Nos damos un paseo por el barrio “la Viña”.
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José Castillo.
Antonio Martínez Ares (Cádiz, 1967) ha sido finalmente el elegido para ser el pregonero del Carnaval de Cádiz 2008, que comenzará el 31 de enero y concluirá el 10 de febrero.El autor gaditano, con 20 comparsas y cinco grandes premios a sus espaldas (Los miserables, 1993; La ventolera, 1994; La trinchera, 1996; Los piratas, 1998; y La niña de mis Ojos, 2001) será el encargado de poner voz al pregón de la plaza de San Antonio el primer sábado de carnaval.
La primera vez que pasé por un mercado gaditano, una pescadera nos decía que si nos llevábamos unas pijotas nos las daba arregladas; pero no lo entendí hasta que un intérprete de la zona me descifró el mensaje. Y es que te puede pasar cada cosa. 

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