Parece mentira que haga ya tres meses desde que enterramos a la sardina. Parece que fue ayer cuando nos dejamos inundar por la música de Febrerillo; ayer mismo fue cuando escuché por primera vez en el teatro el pasodoble primero de Araka. Y hace ya tres meses.
Contando hacia delante, son nueve meses los que faltan para tirar papelillos en cada chinchinpum. Mira que da tiempo a hacer cosas en nueve meses. Da tiempo a escribir un pasodoble y a borrarlo; a mirarlo después de un tiempo y despreciar lo que al principio te pareció cercano a tu limitada perfección. Borrar. Vaciar papelera. Da tiempo a pensar en un tipo para que no te conozcan ni identifiquen tus locuras de carnaval, y cambiar de opinión tres o cuatro veces. En nueve meses da tiempo a soñar con todo lo que puede pasar dentro de nueve meses, sin tener en cuenta que las cosas ocurrirán como tienen que ocurrir; es decir, siempre distintas a cualquiera de las posibilidades que tu cabeza baraja. En nueve meses da tiempo a tantas cosas que sólo Nuria podría explicarlo exactamente. En nueve meses da tiempo a poner en la “pole” de tus letras una para el nuevo alcalde (más viejo que nunca), o una para la nieta de Borbón, o una para la niña que te quita el sueño, o una para tu madre, o para alguien que murió (nada que decir del estilo Quiñones), o algo sobre esas cosas que ocurren en tu grupo y que nadie sabe. Da tiempo al romanticismo y a la bordería.
En nueve largos y rápidos meses da tiempo a la risa y al llanto. A acostarte 270 noches silbando esa copla, o la otra, hasta que llega la noche 271 en la que no duermes, porque no te acuestas, porque te entregas, porque lo das todo de ti, porque el sueño lo dejaste en el cajón de la mesita de noche. Hablo de sensaciones y de recuerdos que están tan presentes que sólo con cerrar los ojos se vuelven a vivir; el olor a sal, el tacto de una nueva copla que entra en la piel, la presión de un momento eterno antes de salir, marcas imborrables, la respiración agitada, el revoloteo incesante de las mariposas… coger aliento detrás del telón para hacer el viaje a tu propio interior. La timidez del primer segundo, la primera palabra en voz baja…
Mira que da tiempo a imaginar cosas en nueve meses. Y luego te quedas siempre con la sensación de haber llegado tarde.
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José Castillo.





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