Todo viaje tiene su parte dulce, exitosa, triunfante; y su parte amarga, a veces inhumana, fácilmente egoísta. Al viaje de Colón le podríamos poner entre los viajes que sólo los valientes son capaces de hacer. Imagino al Almirante – o lo que fuera en su tiempo – superando los comentarios de los retraídos de espíritu, apegados al pequeño trocito de tierra que conocen, y espantados por la osadía de un marinero desafiante. El éxito de Colón es el descubrimiento de la nueva tierra. Ahora lo imagino diciendo a todos: “yo tenía razón”. El coraje y la locura propios de un carnaval le llevaron a ampliar el horizonte a los mortales de este lado del océano; a limitar a unos meses la llegada al fin del mundo. El éxito fue cantado por la comparsa Santa María en estos Carnavales. El éxito fue también concedido por el pueblo en febrero; ¿qué más se puede pedir? Por este motivo os saludo, os abrazo, en los versos de Rubén Darío:
¡Argentina, región de la aurora!
¡Oh, tierra abierta al sediento
de libertad y de vida,
dinámica y creadora!
¡Oh barca augusta, de prora
triunfante, de doradas velas!
De allá de la bruma infinita,
alzando la palma que agita,
te saluda el divo Cristóbal,
príncipe de las Carabelas.
Sin embargo, el viaje de Colón nos dejó una mancha en el alma que podríamos haber encontrado en la comparsa Santa María, pero que, desgraciadamente, no fue así. Mira por donde, unos cientos de años después ya no hemos podido aguantar más, y abrazando a Uruguay, hemos encontrado una comparsa gaditana (Araka la Kana) que revienta esta mancha española no sólo restregando en la cara el asqueroso orgullo de la conquista de aquella tierra virgen, el saqueo de su riqueza, o la imposición de la religión católica; sino también la vergüenza de que algunos de nosotros seguimos sintiendo rechazo por aquella raza, tantas veces explotada, y ahora expulsada de esta tierra que consideramos nuestra. La tierra es sólo una herencia temporal. Nos vamos pronto de aquí.
Vuestro viaje por este carnaval lo tomo como un descubrimiento; no como una conquista. Difícil es el oficio de la humildad después de la borrachera de medallas de carnaval. Pero siempre tendrá más mérito aquello que más trabajo nos cuesta hacer; ya que nuestro demonio (cuaresma) nos envenena por la calle del éxito – que empalaga cuando se saborea demasiado – haciendo que crucemos sin darnos cuenta la finísima frontera que hay entre el orgullo y la prepotencia. No os lo toméis a mal, que os quiero como si fuerais “La Fragua”; pero descubrir es llevar libertad – o llevar carnaval, que para el caso es igual – y conquistar, va de la mano de imponer, de obligar; más propio de un semanasantero que de un loco por Febrero. Que se os suba a la cabeza vuestra comparsa, y que no seáis vosotros mismos los que os subáis a vuestra cabeza.
Jose Castillo.


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